AME 2-3 ARS | Pesadilla

Primero hay que decir que en el futbol la derrota no es una tragedia ni una catástrofe. En el futbol la derrota solamente es una posibilidad más, una posibilidad que por si fuera poco, depende de muchos factores, como aciertos, errores o arbitrajes.

En todos los partidos, en todos los equipos, el error es cotidiano. No hay en el mundo quien se escape a él. Por supuesto, los mejores equipos son los que menos errores cometen, una obviedad pero así de fácil es el futbol. Nadie entrena para no equivocarse, entrenan para equivocarse lo menos posible.

Por supuesto, además de los entrenamientos, mucho importan las condiciones de cada jugador, y en ese terreno ya sabemos que al tener los defensas que tenemos y en el nivel que están, es dar mucha ventaja. Así cayeron los goles rivales, por desaciertos gigantes en momentos clave. Acá no hay mucha vuelta qué darle, errores específicos propios fueron los que sortearon el resultado del partido.

Sólo lo creo porque lo vi. América inició con la posesión de balón y de inmediato se encontró la ventaja; hasta ahí todo normal y lógico. Siguió dominando y generó dos o tres ocasiones gol… se venía la goleada, incluso ellos lo sabían. Los argentinos hicieron un disparo de lejana distancia que Ochoa mandó a tiro de esquina, y no es broma, fue la primera y la única opción de peligro de gol en todo el partido.

A los minutos cayó el empate mediante un cobro a balón parado con un centro que de peligroso no llevaba nada y casi sin saber cómo, el Arsenal tenía la eliminatoria pareja. La normalidad había desaparecido entonces.

El América siguió con el dominio del balón hasta el segundo tiempo. Tocaba, tocaba, ellos se metían cada vez más atrás y el América seguía tocando. Otro detalle raro, el mejor hombre del América, Cabañas, no participaba en ninguna jugada; sería interesante ver cuántos balones tocó el paraguayo en el segundo tiempo, estoy seguro que sería un dato de miedo.

Arsenal seguía sin siquiera acercarse a la portería de Ochoa, mientras Insúa la pedía y tocaba, Silva buscaba por la izquierda, Argüello no soltaba la derecha, subía Óscar Rojas y Castro por las bandas, Villa de apoyo siempre y Rodrigo López con problemas y todo pero se botaba para buscar quizá alguna pared. América buscaba por un lado, por el otro, por el centro, mandaba balones al área, disparaba de media distancia y el gol no caía. En un instante, casi sin darnos cuenta, Cabañas retrasó a Argüello que le pegó y la metió en un ángulo. El festejo de las cien mil personas amarillas que estaban en el Azteca fue escandaloso y no exactamente por la ventaja que sacaba el América, sino porque todos sabíamos que al fin se había abierto la puerta de la goleada. Ahora el reto sería ver cuántos goles podíamos anotar en el tiempo que restaba.

Despeje largo, botó el balón increíblemente para sorpresa de Calderón, tanto así que sólo la pudo controlar con las manos, primero con una, después con otra, tocó al compañero y éste anotó un empate que no estaba en el guión de nadie. El error al bote, las manos no marcadas… ya no era un partido normal.

En las tribunas más que decepción había incredulidad y enojo por cómo cayó (y calló) el empate. Aún así las cien mil voces murmuraban si alcanzarían los minutos para marcar el tercero, y si ése 3-2 sería una ventaja suficiente para jugar la vuelta.

Otro despeje largo, Rojas salta bien, antes que nadie gana el balón pero sale hacia atrás donde Castro sólo ve botar el balón en una jugada que fue toda en cámara lenta y donde todos queríamos estirar la pierna para evitar que el jugador de Arsenal no llegara antes a esa pelota. Una jugada que nunca fue de peligro hasta que la cabecearon a gol. Ahí se terminó el partido y después sólo vimos 15 o 20 minutos de faltas, reclamos y árbitro.

No se perdió por el arbitraje y ninguna decisión suya fue directamente al marcador, pero sí que incidió en el desarrollo del juego y después, por lógica, en el aspecto mental de los jugadores americanistas y en la interrupción constante de los argentinos. Terminó marcando un fuera de lugar en saque banda, que se pudiera entender como un lapsus o una distracción al momento de silbar la infracción. Lo lamentable fue que cayó en cuenta de su error y se mantuvo en la decisión. Prefirió hacer cobrar un fuera de lugar ridículo, a un simple y sencillo bote a tierra. Se quedó el resto del juego pensando en su error y arrepintiéndose, mientras tanto delante suyo hubo faltas, patadas, reclamos, empujones, lesiones fingidas, pérdida deliberada de tiempo… y él jamás regresó al juego.

Pasó de todo y un juego que se debió ganar se terminó perdiendo. Algo que nunca debió pasar, que de hecho por malos que sean algunos jugadores hubo errores que pocas veces se ven en un partido de futbol profesional. Nunca como ahora nos recuerda el futbol que puede pasar cualquier cosa; para nuestra mala suerte fue en un partido por una final. Por eso es bueno recordar y admitir que en el juego, la derrota es una posibilidad constante, a veces por jugar mal, a veces por la suerte, por errores, por mal arbitraje, por los postes o por mil razones, pero siempre se puede perder, incluso teniendo el mejor equipo; y precisamente por eso, porque no lo tenemos, siempre hay que estar preparado para enfrentar y superar una derrota como ésta.

Igual soy optimista y sinceramente creo que el América se puede coronar el miércoles, y no precisamente por excesivas cualidades de nuestro equipo, sino por el Arsenal, que no es nada del otro mundo y le cuesta mucho acercarse ligeramente a la portería rival, así que en la vuelta bastará con no ayudarlos tanto y dedicarse con todo a marcar dos goles, sólo dos goles, una cuota normal en cualquier partido de futbol.

Un resultado que nadie esperaba (ni ellos)

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