SAN – 4-0 AME | ¿Alguien se sorprendió?

Llegó el momento de que Luis Fernando Tena se vaya. Así lo digo, sin más. En realidad es algo que pienso desde aquél partido contra Libertad en Paraguay, pero ¿en realidad creen que con Tena el América mejorará y será el equipo ganador y espectacular que todos tenemos en mente? ¿Alguien sinceramente lo cree? Sí, se puede salir campeón, aquí en México gana títulos el que sea, pero jugando así no queremos nada.

Y ojo, no es por este 4-0. Yo sé que todos estamos enojados en este momento por el ridículo, pero seamos sinceros, el equipo tampoco jugó peor de lo que lo había hecho en juegos anteriores. Así que la molestia no viene por la goleada en sí, ni por el baile, ni por la falta de actitud de los últimos minutos; en realidad el partido en Torreón se terminó con el tercer gol, el del madruguete; todo lo que pasó durante la media hora restante, que lo vimos todos, como la falta de ganas, los pases equivocados, el paseo del rival o el absurdo penal de Ismael, ya eran consecuencia de ver un partido totalmente perdido. No nos referimos a esos últimos 30 minutos, lo que molesta es que incluso antes de que iniciara, Luis Fernando Tena ya había perdido el partido.

Podemos repasar todo lo que vemos mal del América, algunos pensarán que Navarrete (creo que Ochoa paraba los dos primeros goles), la defensa también es débil (el penal de Rodríguez fue penoso), que Óscar Rojas ya hizo todo para dejar de ser titular o que Castro no sabe centrar. Todo eso es cierto, pero la razón principal es que en la banca hay un tipo que no tiene el valor suficiente para estar en la banca del América.

¿Y si inicias con Esqueda, Castromán, Silva, Rodrigo López y Santiago Fernández? ¿Qué tal que sales al campo a tener el balón, a no prestárselo al contrario, a jugar lejos de tu portería y con la pelota en tus pies? ¿¡Qué hay de malo en eso!? Ah pero no, a Luis Fernando Tena nunca, nunca se le ha ocurrido hacer eso jugando de visitante y a veces ni de local. En cambio siempre sale a meterse atrás, a ceder la media cancha y a esperanzarse a que algún chispazo le rescate cuando menos un empate. Eso se llama mediocridad y sólo se entiende de un mediocre.

¿A qué carajos le tiene miedo? ¿a perder? Pues está perdiendo de todas maneras… Ahí está lo que hemos dicho de él desde que había rumores que decían que llegaría al América (aún dirigiendo a Jaguares), que es un técnico que no sabe lo que es el América, que no entiende de lo que se trata este equipo, y que sus esquemas son para equipos chicos.

Lo que ha sucedido en lo que va del torneo es una vergüenza. En cuatro partidos fuera del Azteca no ha enseñado absolutamente nada. Y de local tampoco, sólo que dos juegos fueron contra equipos amateurs y en el otro la fortuna estuvo con el América.
Sólo 11 de 21 puntos, la mitad y jugando mal. Más de un año con un sistema temeroso y de equipos chico. Papelones como el del Mundial de Clubes y la Libertadores, que quizá se perdonaron a medias por llegar a una semifinal y una final; la primera perdida en un clásico, y la segunda, también perdida y son relativa facilidad.

Por favor, Luis Fernando, renuncia, tú no debes estar en ese puesto. Con tu forma de dirigir ya sabemos que debemos resignarnos a la mediocridad. Ya sabemos que ganarás algunos juegos más y perderás otros tantos. Todos ellos sin jugar a nada en especial y con nada que vaya a quedar en la historia del Club. Ya sabemos que vas a calificar, como siempre lo haces, pero eso en México no tiene ninguna gracia. Y después ya sabemos que incluso puedes ser campeón, pero otra vez, sin nada digno de ser recordado.
¿Saben cuándo es hora que un técnico renuncie? Cuando todo mundo sabe que el equipo va a perder y pierde (contra Morelia), cuando todo mundo sabe que el equipo va a perder y va a ser goleado (contra Santos) y cuando sabes que sacudidas como estas no harán cambiar en lo más mínimo la forma de jugar del entrenador.

Ojalá y la directiva se comprometa con la historia del América y haga lo que debe hacer, y todos sabemos qué significa eso…

Como lo intuíamos, perdimos y feo

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